domingo, 6 de mayo de 2012

ESPECIAL Starship Troopers (Tropas del espacio), RESEÑA: de Robert A. Heinlein (novela), Paul Verhoeven (película) y Basil Poledouris (música)

Voy a dar un rodeo para llegar al principio. Hace unos años, existía un grupo de correo de la editorial Gigamesh, en el que cada uno escribía lo que deseaba, prioritariamente sobre las novelas de dicha editorial, mas en realidad de cualquier tema. Aquella lista se convirtió en un fantástico foro abierto sobre la literatura fantástica y de ciencia ficción, del que aprendí mucho, y me dio a conocer gran cantidad de obras y autores. Allí, periódicamente saltaba a la palestra una discusión sobre un escritor y una de sus obras, que si era un fascista, que si la novela hacía apología de la xenofobia, que si en realidad no era ésa su intención… El escritor era Robert A. Heinlein, la novela Starship Troopers (Tropas del Espacio, 1959), y aquella lista de correo vivía grandes tiempos, repletos de argumentaciones inteligentes y discusiones interesantes. Después se hundiría con los clásicos y repetitivos ¿cuánto falta para [inserte aquí la siguiente novela de Canción de Hielo y Fuego]? y perdería casi todo su interés. No obstante, aún recuerdo aquellos enriquecedores debates, y os aseguro que no los había tan fieros sobre ninguna otra obra. ¿Qué quiero decir con esto? Pues probablemente que es la novela de ciencia ficción más polémica que se haya escrito... Y yo no la había leído hasta ahora. Mea culpa.



La historia nos suelta de sopetón con el protagonista, Johnny Rico, perteneciente al elitista cuerpo de la infantería móvil, en plena misión de guerra, vestido con su exoesqueleto de combate y armado con un arsenal atómico, una auténtica máquina de destrucción, matando extraterrestres en una incursión, para después saltar al pasado y ver cómo ha llegado hasta ahí, desde antes de dejarse reclutar, y pasando por diferentes estadios dentro del escalafón militar.

Johnny es un personaje plano, sin claras motivaciones ni fuertes opiniones, por diferentes motivos. El primero es el de convertirse a veces casi en un mero espectador de los acontecimientos que no los valore especialmente con el que el lector pueda identificarse más fácilmente, pero extraer sus propias conclusiones. Otro es el empezar como un trozo de arcilla sin forma para que el ejército pueda moldearlo con mayor facilidad. También así se facilitará el “viaje del héroe” a realizar por Rico. Este viaje estará íntimamente ligado al ejercito, no en vano Heinlein fue militar (llegó hasta teniente), si bien no combatió, lo que se nota le pesó. Sin embargo, es crudo y frío en sus descripciones de los hechos, tanto de los cadetes como de los soldados: no engaña a este respecto, suelen acabar muriendo, pero no puede evitar mostrar su profunda admiración tanto por los soldados como por oficiales, especialmente por la infantería móvil, esto es, por pequeños grupos de élite formados por muy pocos miembros (estilo marines), y exaltar sus valores de valentía, cohesión de cuerpo, integridad y compañerismo. De hecho es ésta una lectura recomendada por el ejército estadounidense, con lo que es innegablemente promilitarista.

Pero no nos engañemos, no viene de ahí toda polémica, sino solo una parte. La cuestión empieza a complicarse con las argumentaciones que Heinlein vierte a lo largo de la novela, por lo general poniéndolas en boca de instructores, oficiales o militares retirados. Por ejemplo, el servicio militar no es obligatorio, pero solo mediante el mismo se adquiere el derecho a voto y la posibilidad de ser votado y hacer carrera política. ¿Extremista? Sin duda, pero tampoco se hace crítica de quienes no optan por él, que pueden crecer socialmente con el único techo de no poder ocupar cargos públicos.
Heinlein toma gran cantidad de caminos como éste, y los argumenta bien. A veces estos argumentos se sostienen. Otras veces no, son hábiles silogismos, pero que caen por su propio peso si estamos atentos. Está en el criterio del lector el estar de acuerdo con sus razonamientos o no. En cualquier caso, para poder opinar al respecto, lo adecuado sería hacerlo con conocimiento de causa, esto es, leyendo la novela. En mi opinión, militarista: indudablemente. Fascista: no, pues no, pues viven en una sociedad con todo tipo de libertades. Xenófoba: literalmente sí, pues tratan de masacrar a los extraterrestres, pero los presenta como algo tan extraño, casi divergente a los humanos, que difícilmente podría considerarse racismo. Para conocer otras de las polémicas sobre la obra, podéis echarles un ojo en su página en la wiki.

Pero no penséis que Tropas del espacio es una perorata de ideas extremistas indiscriminadas. Heinlein está considerado por muchos uno de los tres más grandes de la edad de oro de la CiFi (junto a Asimov y Clarke, aunque yo añadiría entre otros a Bradbury y algo más tarde a Dick). La cuestión es que escribe muy bien, la prosa es de calidad, la narración ágil y los diálogos naturales, y las proposiciones que nos hace resultan interesantes, estemos de acuerdo o las detestemos. Y Tropas del espacio es ejemplar en este sentido, el más célebre clásico de Heinlein, y un básico de la ciencia ficción, premio Hugo incluido.

Pasemos ahora al bueno de Paul Verhoeven, que en 1997 realizó una versión cinematográfica de la novela, de mención obligada.



He de reconocer que, pese a que no es una película especialmente fiel a la novela, siempre la he considerado una de mis debilidades, precisamente por el valor añadido sobre la misma por el que apuesta. Conceptualmente, en la forma no es especialmente diferente, teniendo en cuenta el cambio de formato con todo lo que ello lleva asociado: entrenamiento en la academia militar y misiones de guerra, eso sí, potenciando más los secundarios. Una historia de aventuras con el gran manejo del ritmo del director holandés, entretenida y hasta trepidante per se. Sí cambia sustancialmente en el fondo: empieza como un panfleto xenófobo y militarista que escama al espectador (algo así como la visión crítica más feroz de la novela) para poco a poco tornarse en una divertidísima sátira que hasta logra arrancar alguna que otra carcajada, bien por el inteligente guión, bien por la escasa habilidad de unos actores deliberadamente de poco talento (curiosamente planos, como antes he mencionado con el personaje de Rico). Impagables los clips de televisión que parodian a la propaganda nazi.



Quizá la primera opción sea la de quedarse pasmado, pero bien mirado, es un fragmento descacharrante

Por último no puedo evitar añadir una mención especial para la banda sonora del gran Basil Poledouris (creador, entre otras, de la mítica banda sonora de Conan el Bárbaro). Su excelente trabajo para esta película merecería una entrada aparte, pero para que os hagáis una idea, os dejo uno de los épicos temas principales de la película. El resto, se encuentra a la altura de esta pieza.



En definitiva, una gran novela para leer y opinar, y una película que también se debería ver y que asegura un rato divertido, que no obstante puede dar que pensar.

2 comentarios:

Salvador Suto dijo...

Muy guapa la reseña, si bien me he saltado algunos fragmentos dedicados al libro porque me lo quiero leer... y entonces hablaremos! (Tienes ese para poder pasarlo en ceros y unos, por cierto?) ;)

En cuanto a la película... pues una macarrada divertida cuya polémica creo que tiene más que ver con cómo te la tomes. No se.. como aparecía en uno de tus relatos: "es que son unos bichos asquerosos" o algo así, jajaja!

Pedro López Manzano dijo...

Gracias, Suto.
Te recuerdo que en CLQQ nunca hago spoilers en mis reseñas (al menos sin avisar), con lo que puedes leerlo todo.

Efectivamente, aquel relato referenciaba a Starship Troopers (o en menor medida a los insectores de El Juego de Ender).

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