lunes, 29 de diciembre de 2014

RESEÑA: Terra Nova vol. 3. Antología de ciencia ficción contemporánea

Hace camino de tres años Mariano Villarreal tuvo la idea de compilar una antología en la que se recogiera lo mejorcito de la ciencia ficción escrita en castellano entre relatos y novelas cortas, así como un puñado de obras foráneas escogidas por su calidad sobresaliente, en su mayoría de autores poco conocidos por aquí o incluso inéditos. El punto común era presentarnos la originalidad en la especulación y la reflexión desde la naturalidad y las historias cotidianas más que desde los blasters y las batallas espaciales. Se realizó una pequeña pero constante campaña de crowdfunding (o micromecenazgo, como lo llamaron) y hace 2 navidades surgió Terra Nova bajo el sello de Sportula. Tal fue su acogida de crítica y público, como se suele decir, que las navidades pasadas y ya con la editorial Fantascy (división para cifi y fantasía de la todopoderosa Penguin House Mondadori) apareció Terra Nova vol 2., con idéntico y excelente resultado. Para esta campaña navideña y bajo el mismo sello aparece Terra Nova vol. 3 intentando repetir el éxito de sus predecesoras.



Lo primero que hace cualquier lector al llevarse una antología a las manos es ver la lista de autores, por supuesto. Es de agradecer que repita Ken Liu, excelente escritor que ya destacara en los volúmenes anteriores. Es el primero que he buscado, y encontrado. También hay otros nombres desconocidos a fecha de hoy (para mí), así como pesos pesados nacionales (Emilio Bueso, Eduardo Vaquerizo) y otros escritores que firman en castellano, de trayectoria no tan dilatada, pero con camino ya andado. La mayor sorpresa ha sido hallar a China Miéville y a Paolo Bacigalupi, dos grandes estrellas a nivel mundial hoy día, algo así como encontrar a Heinlein y a Clarke juntos hace unas cuantas décadas.

Lleno de esperanzas, paso a los componentes de la antología, uno por uno:

Empezamos por uno de los tops, Bacigalupi con su El jugador. Aquí nos encontramos con un periodismo digital casi exento de valores en el que Ong, el protagonista, es uno de los pocos que sigue escribiendo sobre cosas que realmente importan frente al resto de sus colegas, que son en su mayoría cazadores de visitas, medidas al segundo según una nube de tendencias llamada la Vorágine. ¿Es posible un equilibrio o una convivencia de ambos? Curiosamente es un dilema también propuesto en la última temporada de la excelente serie The Newsroom. El jugador, finalista de los principales premios internacionales, un impecable arranque para la antología.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Ignotus, Unamuno, Houellebecq y portada del Visiones 2014

En otra de estas entradas sobre varios temas, sin profundizar demasiado sobre ninguno de ellos, permititme decir que hace poco fallaron los premios Ignotus, que ya hay portada para el Visiones 2014 en el que participo muy gustosamente, y añadir un par de minireseñas de libros fuera de las temáticas que aquí suelo tocar, pero que como hay que leer de todo, en especial si es bueno, me he llevado a las manos y os voy a comentar.

En primer lugar, en la reciente HispaCon se han dado a conocer los ganadores de los premios Ignotus (los Hugo/Nebula españoles). AQUÍ la lista completa de ganadores y nominados. He de destacar que Memoria de Tinieblas, de Eduardo Vaquerizo, ha ganado el monolito a la mejor novela e ilustración de portada, y Rodolfo Martínez, su editor, además a la novela corta. Os recuerdo que ambos me han permitido formar parte del elenco de escritores de la que sería continuación de la novela premiada en forma de antología: Crónicas de Tinieblas, que ya está a la venta. Asímismo, el mejor relato ha ido para Tamara Romero, la compañera de antología en el Visiones 2012, por el estupendo relato de este compendio, El aeropuerto del fin del mundo. También hay que subrayar como mejor antología Terra Nova 2 con el cuento ganador de Ken Liu que ya os dije me encantó. Por último, la web amiga Cuentos para Algernon, 1.001 veces recomendada por aquí, se ha hecho con el galardón a la mejor web, ax aequo la clásica e imprescindible La Tercera Fundación. ¡Enhorabuena a todos! Es gratificante sentirse cerca de algunos de los proyectos galardonados.

Ahora os muestro la portada de la antología Visiones 2014, de la AEFCFT (Asociación española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror), de la que tengo el honor de formar parte con el relato Güijas cuánticas y bufandas del Atleti.



Ahora voy a hablaros de un par de novelas.
Las partículas elementales logró que se le colgara a Michel Houellebecq la etiqueta de mejor escritor francés vivo. No sé si lo será, pues no llegan a tanto mis conocimientos de las letras galas actuales (ni universales), pero desde luego se trata de una novela difícil de olvidar en la que a través de sus dos protagonistas contrapuestos y sin embargo cercanos, a veces complementarios, nos damos un paseo por el mundo de las miserias humanas, de la soledad, de la pulsión sexual y de muchas otras gracias y desgracias dentro de un marco muchas veces filosófico, y casi siempre dotado de la naturalidad de un realismo puro que nos toca las entrañas para al final lanzarnos hacia una conclusión curiosamente muy cienciaficcionera.



Por último hablaré de Niebla, de Miguel de Unamuno, una de esas obras cuyo título todos memorizamos de niños como cruciales en nuestras letras y al que sin embargo no me había acercado hasta ahora. Craso error. Atrapa ya desde sus fabulosas primeras líneas esta nivola, como así se autodenomina (una novela en la que el autor escribe lo que le da la gana) y conforme pasamos páginas la sorpresa se convierte en fascinación por una obra repleta de humor, anticipación de postmodernismo, metaficción, desarrollos narrativos sorprendentes y diálogos maravillosos (en especial aquellos con el perro y los de mayor nivel de metaficción. Impagable de principio a fin, oiga.


martes, 9 de diciembre de 2014

Ganador del VI Forjadores

Pues resulta que uno de los concursos en que tenía relato enviado a la espera de fallo ya hizo público su resultado hace un par de meses... ¡y lo he ganado! Como llevo un tiempo más turbulento de lo deseado no me había enterado ni por ende comunicado por aquí, pero no por ello me hace menos ilusión.
Se trata del VI Concurso de Relato Fantástico Forjadores, promovido por la Asociación Cultural Forjadores de Amorebieta (Bizkaia). A este certamen, además, le tenía ganas por la calidad de algunos de sus ganadores y finalistas en años previos, bien reconocidos en este mundo. El relato en cuestión es No pienses en ello, mezcla de ciencia ficción y terror psicológico (se puede leer siguiendo el enlace previo), seguramente uno de los más duros que he escrito.



Vamos, que estoy muy contento.
¡Mil gracias al jurado y a la propia asociación!

jueves, 4 de diciembre de 2014

RESEÑA: Mañana todavía. 12 distopías para el siglo XXI

Solo viendo el tremendo plantel de escritores que forman la alineación de esta antología le dan ganas a uno de llevárselo a las manos. Si además nos enteramos de que en el libro cada uno va a dar una visión personal y diferente de una distopía, uno de los subgéneros más interesantes (y llenos de posibilidades) de la ciencia ficción, leer este Mañana todavía. Doce distopías para el siglo XXI resulta casi inevitable.



En primer lugar recordemos que una distopía nos presenta una situación global o modelo social futuros, habitualmente desastrosos, al menos desde el punto de vista de la moral actual. Con frecuencia han estado inspiradas en el nazismo o el comunismo post Segunda Guerra Mundial. Sin embargo el sentido y contenido de una distopía puede ser mucho más amplio, incluyendo desde futuros postapocalípticos a otros más cercanos en los que cuatro cosas han salido mal (eso sí, cuatro cosas de gran importancia). Por supuesto, hablar de este género nos hace pensar en sus tres obras más célebres: Un mundo feliz de Aldous Huxley,1984 de George Orwell y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Las tres estarán muy presentes, homenajeadas e incluso referenciadas explícitamente en Mañana todavía, mas no es necesario haberlas leído para llevarse a las manos esta antología.

Voy ahora con los relatos recopilados por Ricard Ruiz Garzón para la misma, uno a uno:

Con WeKids una Laura Gallego que se arranca la etiqueta de sus novelas más alimenticias de fantasía juvenil, lleva hasta el extremo las redes sociales, creando una para niños desde el momento en que nacen. La antología arranca notablemente, dándonos pistas de su tono.

Al garete de Emilio Bueso no me encantó al leerlo; a pesar de su perfecta factura. Sin embargo la fuerza visual de alguno de sus fragmentos ha permanecido en mi memoria desde entonces, y creo que esto es de lo mejor que puede decirse de un relato.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Crónicas de Tinieblas, ya a la venta

Y de vez en cuando, una buena noticia, ¿por qué no? En este caso la salida a mercado editorial de Crónicas de Tinieblas, la antología sobre el universo ucrónico creado por Eduardo Vaquerizo en el que participo con mi relato El virrey, el relojero y el correveidile. Aquí, la preciosa portada de Juan Miguel Aguilera.


Respecto al universo de Vaquerizo, para quien no lo conozca, es el formado por las novelas previas Danza de Tinieblas y Memoria de Tinieblas (amén de múltiples relatos), y especula con la posibilidad de que Felipe II muriera en un accidente de caza y le sucediera Juan de Austria en lugar de Felipe III, lo que no propiciaría la lenta pero inevitable decadencia del imperio español. Este y otros acontecimientos puntuales (dentro de una marcada tendencia steampunk, por si no os habéis dado cuenta por la portada) alargarían el imperio hasta mucho más allá del que realmente ocurrió.

En Crónicas de Tinieblas Eduardo Vaquerizo nos concede el permiso para seguir especulando con su creación a un buena tanda de escritores, a saber: Alfredo Álamo, Alberto García-Teresa, Cristina Jurado, Fernando Ángel Moreno, Gabriel Díaz, Josemi de Alonso, Joseph Remesar, Josué Ramos, Juan Carlos Herreros, Luis Eduardo Bermejo, María Jesús Álvarez, Raúl Montes de Oca, Santiago Exímeno, Sofía Rhei, Victor Conde, además del propio dueño del universo y un servidor. A poco que os llevéis algún libro de géneros afines a este a las manos de vez en cuando, os daréis cuenta de que la alineación es de lujo.

Además, debo destacar que el libro cuenta con ilustraciones para cada uno de los relatos. A continuación, la del mío:




Como se puede deducir por el estilo de la portadilla, he llevado la acción a lo que hoy llamamos América precolombina, en el caso del mundo de tinieblas un Tenochtitlan  de 1929, colonia española, y además de lanzarme al universo creado por Eduardo, intentando respetar sus reglas, lo hago adentrándome también en el género detectivesco. Si el resultado es satisfactorio, ya me lo contaréis.

Aprovecho desde aquí para agradecer la confianza a Eduardo y a Rodolfo Martínez, que además de contrastado escritor es el alma tras Sportula, la editorial bajo cuyo sello aparece el libro.

¿Apetece más, incluso comprarlo en papel o digital y leerlo? Tan sencillo como ir AQUÍ.
También hay más información en la página de Eduardo Vaquerizo.

sábado, 22 de noviembre de 2014

RESEÑA: Primer libro de Lankhmar, de Fritz Leiber

A principios del siglo XX –en la primera mitad, en realidad-, un buen número de escritores que se movían entre la más absoluta genialidad y la más insulsa mediocridad comenzaron a ganarse la vida publicando en todo tipo de revistas de género. Si se miraba al espacio, se llenaba un cohete con una avispada tripulación y lo ponían en la órbita de Marte. Si detectives queríamos, pues habitación llena de cigarros humeantes, algún asesinato misterioso y las largas piernas de una femme fatale. Si de fantasía se trataba, no había como enfrentar el filo de las armas del héroe pasado de testosterona al hechicero o al monstruo de turno.

Centrándonos en este último apartado, esto es, en la vertiente de espada y brujería, encontramos al máximo exponente en el Conan de Robert E. Howard, evidentemente. En estas estamos cuando Fritz Leiber dio un pasito más y junto a su amigo Harry Otto Fischer se propuso, sin una ambición desmedida tampoco, sacar al bárbaro en la medida de lo posible de su personalidad plana y los argumentos ramplones y repetitivos y darle un mínimo de profundidad mediante personajes inspirados en ambos escritores y de ahí surgieron Fafhrd y el Ratonero Gris, protagonistas de los relatos más célebres de Leiber y de esta recopilación del Primer Libro de Lankhmar.



Fafhrd es un enorme norteño y el Ratonero Gris más pequeño y escurridizo. Ambos irán con ladrones, brujos, asesinos, estafadores, canallas, mercenarios y sinvergüenzas de toda índole, y a menudo lo serán ellos mismos.

Protagonizarán las historias de Leiber durante medio siglo, pero a partir de los años 60 el de Chicago organizaría sus aventuras en novelas separadas, añadiendo algunas nuevas para dotar de coherencia temporal a las antiguas y así montar una cronología de sus periplos en 7 novelas más o menos cortas. Este volumen incluye las 4 primeras, a saber: Espadas y nigromantes, Espadas contra la muerte, Espadas en la niebla y Espadas contra la magia.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Ácronos en Lektu

Hace unos días os hablaba de la inclusión de la antología Visiones 2012 en la plataforma de moda para libros digitales, Lektu.
Ahora debo hacerlo con Ácronos, la antología steampunk en la que también participé con mi relato Anteojos, uno de los que sé que más os han gustado (y, por qué no decirlo, a mí también). Sigue a la venta a buen precio en papel, pero si no tenéis espacio en la estantería o sencillamente estáis más cerca de los formatos digitales, AQUÍ podéis haceros con él por 4€.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Niebla, primeras líneas

Al aparecer Augusto a la puerta de su casa extendió el brazo derecho, con la mano palma abajo y abierta, y dirigiendo los ojos al cielo quedóse un momento parado en esta actitud estatuaria y augusta. No era que tomaba posesión del mundo exterior, sino era que observaba si llovía. Y al recibir en el dorso de la mano el frescor del lento orvallo frunció el sobrecejo. Y no era tampoco que le molestase la llovizna, sino el tener que abrir el paraguas. ¡Estaba tan elegante, tan esbelto, plegado y dentro de su funda! Un paraguas cerrado es tan elegante como es feo un paraguas abierto.

«Es una desgracia esto de tener que servirse uno de las cosas —pensó Augusto—; tener que usarlas, el uso estropea y hasta destruye toda belleza. La función más noble de los objetos es la de ser contemplados. ¡Qué bella es una naranja antes de comida! Esto cambiará en el cielo cuando todo nuestro oficio se reduzca, o más bien se ensanche a contemplar a Dios y todas las cosas en Él.

Aquí, en esta pobre vida, no nos cuidamos sino de servirnos de Dios; pretendemos abrirlo, como a un paraguas, para que nos proteja de toda suerte de males.»

Díjose así y se agachó a recogerse los pantalones. Abrió el paraguas por fin y se quedó un momento suspenso y pensando: «y ahora, ¿hacia dónde voy? ¿Tiro a la derecha o a la izquierda?» Porque Augusto no era un caminante, sino un paseante de la vida. «Esperaré a que pase un perro —se dijo— y tomaré la dirección inicial que él tome.»

En esto pasó por la calle no un perro, sino una garrida moza, y tras de sus ojos se fue, como imantado y sin darse de ello cuenta, Augusto.

Y así una calle y otra y otra.

lunes, 3 de noviembre de 2014

RESEÑA: La música del silencio, de Patrick Rothfuss

Durante los últimos años, Patrick Rothfuss ha seducido contundentemente a público y crítica (incluyendo al que os escribe) tanto con su rutilante debut en el mundo de la fantasía tanto con El nombre del viento como con su no menos recomendable continuación El temor de un hombre sabio. Tras la publicación de ambos (y gruesos) volúmenes, y mientras esperamos el cierre de la trilogía de esta Crónica del Asesino de Reyes con Las puertas de piedra (¿2015?) nos sorprende en varios aspectos con una novela corta ambientada en este universo: La música del silencio.


La novela, tan solo apta para quienes hayan leído las dos obras mencionadas, es un spin off de estas (es decir, una historia derivada y con origen en ellas) centrado en el personaje de Auri, uno de los secundarios favoritos de los aficionados (y del propio Rothfuss) de la saga protagonizada por Kvothe.

Auri es una joven extravagante, pequeña y escurridiza, que vive de forma oculta en la parte abandonada y subterránea de la Universidad, de la que en un momento dado fue una alumna de no poco talento. Sin embargo, algo se quebró en su psique que la hizo abandonar la vida en sociedad para pasar a formar parte de este mundo de oscuridad olvidada: la Subrealidad.

Para quien espere que La música del silencio les dé a conocer cuál o cuáles fueron aquellos acontecimientos, cómo construyeron (o deconstruyeron) a la Auri de ahora, y cómo se relaciona ella con el resto de personajes de la Universidad, tanto alumnos como profesorado (había quien esperaba profundizar también un poco sobre el siempre interesante maestro Elodin). Para los que esperen una aventura con la acción clásica pero dinámica y la narración adictiva de El nombre del Viento y su secuela. Para el que desee cientos de páginas. Para quienes crean vislumbrar en Auri al Kvothe de la Subrealidad y deseen una historia de grandes conflictos, diálogos chispeantes y muchos personajes. Para todos ellos, advierto: La música del silencio no es el libro que esperan.

jueves, 30 de octubre de 2014

RESEÑA: Nacido de hombre y mujer y otros relatos espeluznantes, de Richard Matheson

A principios del siglo XX –en la primera mitad, en realidad-, un buen número de escritores que se movían entre la más absoluta genialidad y la más insulsa mediocridad comenzaron a ganarse la vida publicando en todo tipo de revistas de género. Si se miraba al espacio, se llenaba un cohete con una avispada tripulación y lo ponían en la órbita de Marte. Si detectives queríamos, pues habitación llena de cigarros humeantes, algún asesinato misterioso y las largas piernas de una femme fatale. Si de fantasía se trataba, no había como enfrentar el filo de las armas del héroe pasado de testosterona al hechicero o al monstruo de turno.

Para seguir viendo cómo pasaban los años, pongámonos en órbita espacial y tengamos en mente los maravillosos relatos de Ray Bradbury (Crónicas Marcianas, El hombre ilustrado). Un joven Richard Matheson pisa los 50 y también tiene en mente estos cuentos, mientras comienza él mismo a escribir. Antes de crear su más célebre obra Soy leyenda y de escribir decenas de guiones para cine y televisión sin parar, el de Nueva Jersey empezaría cultivando el relato mientras miraba de reojo confesamente a Bradbury, y esto es lo que encontraremos en Nacido de hombre y mujer y otros relatos espeluznantes, la primera mitad de su narrativa breve completa.



Pero aunque Matheson partiera del autor de Fahrenheit 451, fue un autor prolífico, por lo que pronto se distinguió y puso de manifiesto su estilo personal, y este, como bien se encarga de manifestar en varias ocasiones (tanto la colección como cada relato van precedidos de muy interesantes palabras del escritor), viene marcado por la paranoia: por la sensación en general no descabellada, bien imbuida al lector, bien a los protagonistas de sus historias, de que todo va a salir mal.

sábado, 25 de octubre de 2014

Visiones 2012... y 2014

Muchos recordaréis que tuve la suerte de participar en la antología de la AEFCFT (Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror) Visiones 2012 con el relato El Señor de los Anillos a través de los tiempos.


Ahora aprovecho para mencionar (es una noticia relativamente nueva) que la colección, que además tiene presencia merecida en los próximos premios Ignotus, está disponible en formato digital en la plataforma LEKTU bajo la modalidad de pago social (gratis publicitando en redes sociales) o al irrisorio precio de euro y medio. No conocía yo este método; interesante, la verdad ¿No merece la pena? Creo yo que sí.

Por otro lado, y esto sí es novedad, ha salido la lista de seleccionados para la nueva antología de la AEFCFT: Visiones 2014, con la temática abierta de next minute, o sea, cifi en una prospección temporal corta. Y tengo el privilegio de repetir en la estupenda colección con mi relato Güijas cuánticas y bufandas del Atleti, una mezcla de ciencia ficción, humor y especulación familiar.

Aquí, la lista de seleccionados:
El Gran Hotel CatalonianMiguel Ángel Chamizo Jodar
DiminutosJavier Urquiza López
Los pocos minutos que nos quedanSergio Gaut Vel Hartman
Mi padreMarco Antonio Marcos Fernández
El Proyecto AcuatécniaNéstor Bardisa
Proyecto PlanetaPedro Moscatel
HoaxJavier Fernández Bilbao
Hijos de CoubertinAntonio González Mesa / Juan Glez. Mesa
Chico ProblemáticoMagín Méndez Sanguos
MuñecaAlejandro Valiente Lourtau
Gastronomía españolaFrancis Novoa
La moleCarlos Romeo
Sabemos lo que te gustaAitor Solar Azcona
DunaRicardo Cortés Pape
Fecha de caducidadAnaid Ofelia Pérez Mendoza
Hotel SaharaJuan Jesús Botí Hernández
Jugar un juegoSandra Monteverde Ghuisolfi
Tú tienes que estar conmigoAlfonso José Gijón Morales
Güijas Cuánticas y bufandas del AtlétiPedro López Manzano
El penúltimo díaVicent Sala Enguix

¡Enhorabuena a todos! Y a mí, pues también, que últimamente iba necesitando ya una alegría.

lunes, 20 de octubre de 2014

RESEÑA: Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami

Ya comenté con Kafka en la orilla la espectacular capacidad de Haruki Murakami para crear singularidades dotadas de encanto capaces de atrapar al lector y embelesarlo con su magia. Aprovechando que, otra vez, el escritor ha vuelto a perder el premio Nobel de literatura a pesar de ser el máximo favorito, otra vez, voy a hablaros de su Sauce ciego, mujer dormida.



En primer lugar hay que indicar que se trata de un libro de relatos, ante lo cual muchas veces surge la pregunta obligatoria de si un extraordinario escritor de novelas lo sigue siendo también cuando cambia de formato, que no siempre ocurre. No realizaré circunloquio alguno y zanjaré este apartado antes de que dé dos pasos: Murakami es extraordinario como novelista y cuentista, y punto. Su prosa detallada y realista referida con frecuencia a situaciones extrañas dota de tal naturalidad a sus historias que cuando incorpora elementos más extraños, cruzando o no los límites de lo sobrenatural, el conjunto permanece encuadrado dentro de unos márgenes de credibilidad que no nos hace cuestionar especialmente estos saltos entre fronteras, tan propios del japonés como sin ir más lejos del realismo mágico, al que a veces se aproxima aunque no cultive.

martes, 7 de octubre de 2014

Calores, premios, reseñas rápidas y otras historias

- En primer lugar, siento no haberme pasado por aquí este verano lo que quienes de vez en cuando creéis lo que queréis os habéis merecido, pero si ya había decidido relajar mi ritmo de publicación, inesperados acontecimientos me han obligado a apartar más todavía. Espero poder volver, pero los próximos meses serán, como mínimo, tranquilos. Valga este post telegramático como aviso.
- Hace un tiempo se hicieron públicas las nominaciones a los patrios premios Ignotus. En el enlace tenéis el listado completo, pero me gustaría destacar aquellas a las revistas Terbi, miNatura y Planetas Prohibidos, con las que he colaborado en ocasiones, así como a la estupenda antología Terra Nova vol II., y a Cuentos para Algernon, site que nunca me cansaré de recomendaros. Próximamente, el fallo.
- A nivel personal, mi microrrelato "Mientras tanto", uno de aquellos de los que me siento más satisfecho, acabó entre los finalistas del II Concurso ELACT de Cartagena. 54 finalistas de 505 presentados, no gané, pero creo que el ratio es bastante satisfactorio.
- Ahora voy a reseñar brevemente de un par de lecturas que, por no ser de género, no voy a reseñar más extensamente, mas al menos he de mencionar. La primera es Rayuela, de Julio Cortázar. En mis primeros tiempos universitarios, leí muchos cuentos del argentino, lo que sin duda me influyó a la hora de cultivar este formato. Desde entonces tenía pendiente su obra más célebre, Rayuela, que se puede leer de principio a final, de principio a mitad (lo más parecido a una novela), dando saltos entre capítulos según un orden indicado por Cortázar, o como a uno le venga en gana. Se trata de una maravilla de libro, y su prosa poética hechiza. Además, es tan complicado y exigente como dicen, caótico y lleno de referencias cultas sobre pintura, jazz, filosofía y todo lo que se le antojara al escritor en aquel momento, amén de deliciosos juegos metaliterarios.



- Ahora, minireseña de El Mar, de John Banville. Premio booker y más célebre novela del que algunos consideran el más fino estilista de la prosa en inglés a día de hoy, y que tan rimbombantes calificativos como mínimo despertaron mi curiosidad, además de alguna recomendación más cercana. Su prosa, en efecto, es maravillosa, cuidadísima y pulida, y aunque también sea exigente, y en este particular con un tiempo narrativo totalmente desarticulado, pasando en una línea de pasado a presente o de descripción de la acción a diálogo interior, su lectura es sorprendentemente ágil. Además excede en poco las 200 páginas, y aunque no le sobra nada, tampoco parece que le falte.



- Por último vuelvo a los géneros que aquí suelen aparecer, cortesía de Josema Baeza de la imprescindible web Los octaedriles, y en un tono mucho, mucho más ligero, debo hablar de la antología de terror ¿Qué ha sido eso?, de varios autores, en la que se recurre de forma irreverente y poco pretenciosa a los tópicos más clásicos del terror. Se trata de un puñado de páginas rezumantes de pulp en las que nos presentan relatos quizá de desigual calidad pero que aseguran unos ratos de entretenimiento, que no es poco.



- Pues lo dicho. Espero volver pronto con Murakami, Matheson o Leiber, entre otros.

lunes, 4 de agosto de 2014

MICRORRELATO: Frente a mis ojos

Autobús demasiado rápido. Placas de hielo en la carretera sobre el lago helado. Un deslizamiento antinatural e incómodo, como haciendo equilibrios sobre los dedos de un pié. Un chasquido, un crujido, y de repente no hay gravedad. Unos viajeros entrechocados contra otros como el relleno de unas maracas. Un tipo corpulento y malencarado, con un parche en el ojo, se aferra a mí en una presa invencible. En su único ojo veo pánico salvaje, o salvajismo despavorido, quizá ambos.

Golpes desde todas partes, más regresos y desapariciones de la gravedad. Cristales rotos y de repente todo está frío y mojado mientras el autobús se hunde. Lo único que permanece intacto es el abrazo del tuerto aterrorizado.

Entonces mi vida desfila en una rápida sucesión de imágenes frente a mis ojos. Soy solo un niño en una cocina mugrienta y unas manos nerviosas me golpean hasta hacerme sangrar. Espero a otro niño en el patio del colegio y le doy una pedrada en la sien, y lo disfruto; es mi venganza, y no es justa, pero no me importa.

Esta… Aguardo en un zaguán con un cuchillo en la mano. Paso un dedo calloso por el filo haciendo la presión justa para no sajarme. De repente aparece una mujer despistada por la puerta. La empujo contra la pared, la estrello contra ella y la aguanto ahí. La navaja en su cuello la mantiene callada mientras la recorro. No sé si me gustan más sus lágrimas, su tacto o el calor de su cuerpo al hacerlo mío.

… No es…

Ese desgraciado lleno de tatuajes se me acerca con un cuchillo en la mano. Está oscuro, pero el metal capta brillos reflejados de las farolas. Me ataca y lo esquivo. Vuelve a hacerlo y me alcanza en la cara, pero baja la guardia y aprovecho. Le doy con la tubería de plomo en la mano y suelta el arma. El siguiente golpe, en la frente, lo noquea. Los últimos le hunden el cráneo en secos restallidos. Me llevo la mano a la cara; algo húmedo y cálido chorrea de mi cuenca ocular.

… Mi vida.

Esta no es mi vida. Esta no es mi vida. Me empapo de agua helada de un golpazo. Estoy viendo pasar frente a mis ojos la vida del tuerto criminal del asiento de al lado. Debe haber un error. Si el tópico de la vida como sucesión de imágenes en un último instante es cierto, también puede serlo el del cielo y el infierno. Trago agua gélida. Me quedo sin aliento. Esta no es mi vida. No quiero su vida, quiero la mía. No puedo respirar. Que alguien me ayude.

miércoles, 9 de julio de 2014

RESEÑA: El ascenso de Endymion, de Dan Simmons

Tras tocar el cielo de la ciencia ficción recibiendo los más importantes premios con la brillante novela Hyperion y su muy buena continuación La caída de Hyperion, Dan Simmons decidió regresar a su celebrado universo con la mucho más tibia Endymion, para contar acontecimientos tres siglos posteriores a las dos primeras novelas, que a su vez sirvieran para atar cabos sueltos, especular con la evolución histórica tras aquel tiempo, y narrar nuevas aventuras. Por fin, acabará el ciclo con la continuación de esta, El ascenso de Endymion (1997), con la que poner el punto y final al extenso equipo de personajes y bandos desplegados hasta entonces.

Hagamos ahora un poco de recapitulación. Aunque las cuatro novelas puedan considerarse una tetralogía, resulta más sensato hacerlo como dos bilogías relacionadas. La primera, llamada propiamente Los Cantos de Hyperion (aunque este nombre se extiende a las cuatro), formará parte de la segunda no solo como precursora literaria, sino como supuesta obra poética contenida dentro de esta segunda historia, y múltiples veces referenciada a lo largo de la tercera y cuarta novelas. Por lo tanto, aunque lo recomendable sería lanzarse con las cuatro obras para disfrutar de todo el conjunto, resulta bien factible leer solo las dos primeras, e incluso posible tan solo las dos últimas, si bien esto último no sería del todo recomendable.

Juegos metaliterarios aparte, lo que sí resulta imprescindible es conocer Endymion para leer El ascenso de Endymion. Ya comenté que a pesar de la demostrada pericia de Simmons como escritor, con la tercera parte bajaba considerablemente el nivel respecto a la bilogía inicial en complejidad e interés, quedando muy pendiente su valoración definitiva de esta última parte. Afortunadamente el escritor americano volvió a ponerse las pilas escribiendo una estupenda novela en la que volvía por sus fueros. El ascenso de Endymion vuelve a ser una historia coral (una de las grandes virtudes de los Cantos), que aunque tenga los mismos dos protagonistas evidentes que su precursora inmediata, nos cuenta muchos más puntos de vista, alguno de ellos secundarios sin una labor crucial en la trama, pero que enriquecen cuantitativa y cualitativamente el conjunto hasta lograr que dé el salto de calidad que la colocaría a un nivel equivalente al de La caída de Hyperion. Vuelven las múltiples tramas, los complots universales, las intrigas empresariales (casi palaciegas, o deberíamos decir religiosas), los bandos con múltiples intereses, cada uno de su padre y de su madre, y dejamos a un lado esa linealidad, que por impecablemente contada que estuviera, se volvía a veces un poco insulsa.

Especial Cantos de Hyperion, de Dan Simmons.

Y por fin ve la luz la última reseña de los Cantos de Hyperion, y con ella concluye el especial sobre la extensa saga de Dan Simmons.
Recordemos que está formada por dos bilogías que conforman una tetralogía, pero que pueden ser leídas de forma independiente.
En primer lugar, los Cantos de Hyperion propiamente dichos, integrados por:

Hyperion (1989):


La caída de Hyperion (1990):



Y cerrando la saga y narrando acontecimientos tres siglos posteriores:

Endymion (1995):


El ascenso de Endymion (1997):

Ale, ahí hay lectura para rato, aunque solo sea con las reseñas. Y si os animáis con las novelas...

lunes, 23 de junio de 2014

El Señor de los Anillos, primeras líneas

Quizá las primeras líneas de El Señor de los Anillos no impacten tanto como algunas de las que ya he incluido en esta sección, por la calidad del entretejido de las palabras, o por la manera de arrojarnos hacia una narración rutilante de algunas de ellas, pero sí que están impregnadas de una calidez difícilmente comparable, provocando, al menos en mi persona, la agradable y emocionante sensación de volver a casa, aunque haya estado muchos años sin pisar su suelo, aunque ahora sea otro lector, otra persona.


martes, 17 de junio de 2014

MICRORRELATO: Zapeo

Nunca han tenido la intuición demasiado a flor de piel con las metáforas, ¿verdad? No intentan identificar el sol de un amanecer con la maternidad, ni una sonrisa perfecta con las alas extendidas de una mariposa, ni la vida con un sendero lleno de encrucijadas que son decisiones, ni siquiera la luna con un queso. Viva la concreción, abajo lo abstracto.

¡Alto! Que cunda la tranquilidad: al fin y al cabo, todos menos uno veían un sombrero en lugar de una boa que se había tragado un elefante, mas cuando ese uno gritó “que se pare el mundo que me quiero bajar y subir al siguiente”, una voz de entre el resto le respondió “ay madre, déjate de rollos y cambia de canal”, con cara de pez payaso y de payaso también (del triste). Pero entonces al respondón le da un pálpito que se convierte en tiritona y se le tuercen los ojos, porque sin quererlo se ha escapado una metáfora de su boca. Entonces, por un instante, es él quien cambia de canal y se sale de su bucle.

Y cuando el pez payaso se coma un queso blanco y redondo para cenar, quizá y solo quizá, mire por la ventana hacia el cielo, y el Principito entonces dará un salto chocando los tacones en el aire.

miércoles, 11 de junio de 2014

RESEÑA: Endymion, de Dan Simmons

Un lustro después de alcanzar la cima de su carrera con Hyperion y La caída de Hyperion, Dan Simmons decidió regresar al universo creado para estas novelas para alegría de los numerosos seguidores que había ganado con ellas, y escribió Endymion (1995), volviendo al mundo, a algún personaje y a la temática fundamental de sus predecesoras.


Simmons sitúa la acción casi tres siglos después de la debacle universal ocurrida al final de La caída de Hyperion. Recordemos que en aquella, para salvaguardar la raza humana de los funestos intereses del Tecnonúcleo (esa vasta especie de inteligencias artificiales mucho más evolucionadas que nosotros), se aniquiló la red universal de teleyectores, esto es, la capacidad de interconexión inmediata de diferentes mundos aunque estuvieran separados por muchos años luz. Así, se pasó de una instantaneidad casi absoluta a un profundo aislamiento de cada mundo, al tener que volver a producirse cada comunicación mediante el viaje en nave espacial. De esta forma, la inmensa mayoría de planetas experimentan una grave regresión tecnológica y social, revueltas, hambruna, y como a río revuelto el pescador más listo llena sus redes, la que al final de aquella Hegemonía se hallaba casi extinta Iglesia Católica se hace, mundo a mundo, de nuevo con el poder, tanto militar con su rama Pax (que fundamentalmente luchará contra los ancestrales y demonizados enemigos éxters), como económico con Mercantilus. La comparación de un mundo retrógrado dominado por la Iglesia con la Edad Media es inmediata. Pero, ¿qué ofrece a cambio de tanta lealtad y conversión? La resurrección, claro. Mas no del alma sino del cuerpo, mediante la comunión con el parásito cruciforme, que una vez puesto en el cuerpo del católico, hará que este se recomponga físicamente mientras quede algo del mismo, y mediante un proceso depurado al que vimos en Hyperion, pues no idiotiza ni destruye la libido con cada resurrección, por lo que todo el mundo lo desea. Así, poco a poco, Pax ha ido reconquistando pacíficamente casi todos los mundos restantes tras el colapso y formando un todopoderoso imperio.

Y dentro de este escenario nos encontramos cuando conocemos a nuestro protagonista Raul Endymion, un buen hombre, normal y corriente excepto por no querer aceptar el cruciforme católico. Condenado a muerte y esperando sentencia, aprovechará su lamentable situación para contarnos su historia, que casualmente comenzará en el conocido planeta Hyperion, cuando se le condene a muerte por primera vez, muchos años atrás. No obstante en buena lógica, esta primera condena no llegará a fin, y un carcamal, grosero, quejicoso y con (justificados) aires de poeta le encomendará la titánica misión de salvar en las míticas Tumbas del Tiempo a la niña Aenea, predestinada a poner en jaque a la Iglesia. Raul también deberá ponerla a salvo, acabar con el imperio de Pax, contactar con los éxters, encontrar y terminar con lo que quede del Tecnonúcleo, eliminar al legendario Alcaudón y volver al poeta a que le dé el visto bueno. Tal es la no poco ambiciosa misión. Y la acepta.

miércoles, 4 de junio de 2014

MICRORRELATO: CuasiJob

Hace años leí en un libro que un tipo se autocalificaba como un Job sin amigos, sin Dios y sin lepra. Una soledad considerable para un tipo bastante roto. Curiosamente esa misma novela luego no seguía inercia alguna de tristeza, o al menos ese es mi recuerdo de sus páginas. Quizá por ello en este preciso instante la rememoro: la última vez que pisé esta calle acabé sentado al final de la misma, de cara a un Atlántico bebedor del Tajo, en una mañana de agosto, rodeado de amigos, contemplando la oscilación del agua y el cielo luminoso (de la ciudad de la luz), callando y riendo, charlando y riendo, viviendo y riendo.

Ahora tan solo me hallo con la oscuridad mortecina y el silencio agrietado a ratos por el rumor del río. Como con ese cuasiJob, ya no hay amigos junto a mí. Nunca ha habido Dios, no conmigo. Y bueno, siempre queda un poco de lepra, pero se lleva bien. Y como en mi recuerdo de aquella novela, tampoco hay dolor.

Vuelvo a sentarme al final. Sin amigos, sin Dios y casi sin lepra. Irrumpe un soplo de gas por mi esófago y eructo sin querer. Huele a albóndiga de bacalao. Vuelvo a reír. De eso sí que ha habido, motivos para reír. De eso, siempre.

martes, 20 de mayo de 2014

RESEÑA: El océano al final del camino, de Neil Gaiman

Hay algunos autores que brillan de forma especial con determinados formatos concretos de escritura. De Maupassant, por ejemplo, era un buen novelista, pero un relatista como no he leído otro igual. A Tolkien le pasaba lo contrario: buen ensayista o cuentista, cuanto más se alargara en sus ficciones, mejor las escribía. A Neil Gaiman le sucede algo similar. Sin entrar en su labor (perfecta) como guionista de cómic y limitándonos a sus novelas, según mi opinión es un buen escritor se ponga con lo que se ponga: crea buenos relatos (Objetos Frágiles) y buenas historias largas y enrevesadas (American gods), pero cuando logra brillar con verdadera intensidad es con sus novelas cortas, con cuentos perversos en apariencia de ámbito juvenil pero que disfrutaremos mucho más los lectores más rodados, como las célebres Stardust o Coraline, la genial El libro del cementerio, o esta El océano al final del camino.


No es casualidad que Gaiman empezara su reciente El océano al final del camino (2013) como relato, pero acabara marchándosele de las manos hasta relato largo, novela corta y finalmente hasta novela: la historia en sí es realmente sencilla. No obstante existen varios elementos que hacen que esta sencillez sea imposible de identificar con simplicidad. La gran cantidad de matices añadidos por el escritor a los escenario, al desarrollo de la acción y sobre todo a los personajes sería más que suficiente, pero es que además nos encontramos con ese Gaiman más inspirado, especialmente refinado y sensible, contándonos aun los más brutales y perturbadores actos de tal manera que entran con la suavidad del terciopelo.

Además, resulta obvio identificar al Gaiman de siempre como creador de pequeños universos, alambicados y oscuros, pero consistentes, paralelos y coexistentes con el nuestro: ese Londres de Abajo de Neverwhere, el mundo abotonado de Coraline, el Cementerio del libro del ídem, el Más allá del Muro de Stardust… Existen junto a nosotros sin darnos cuenta, claro, hasta que alguien (el protagonista) se da de bruces contra él. En este caso tan solo tendrá que salir por la puerta de su casa y caminar hasta el final del camino para encontrarse con poderes primigenios de diferentes carices, que cómo no, acabarán implicándole de forma directa.

viernes, 16 de mayo de 2014

MICRORRELATO: Agridulce

Si me ves enarbolar frente a ti una sonrisa agridulce, de las que no se acaban de formar pues alzo solo una parte de los labios y el resto no acaba de animarse, no lo dudes: se trata de un regalo envenenado. Cava un hoyo hondo y entierra todo dulzor en el fondo, y después tápalo con colinas, o montes, o mejor el Himalaya. Después te quedará el poso de la realidad, y con eso sí te debes quedar, con la acritud de esa sonrisa, con el dolor hasta el estremecimiento. Y entonces quizá pienses que un río nos separa, y que es el Yangtsé, y que está en llamas. Y no errarás, no del todo.

No obstante no has de entenderlo necesariamente como malas noticias. Si te gusta buscar la parte curva de las rectas, si cuando te miras no te limitas a tu reflejo sino que tratas de desenmarañar el borrón en el fondo del espejo, puedes quedarte hasta el final, esperar a ver lo que sucede después de la sonrisa y bajarte no en la última parada, sino una después del final de línea. Entonces, con suerte, querrás caminar un rato a mi lado y descubrir la verdad, o al menos mi verdad.

lunes, 5 de mayo de 2014

RESEÑA: Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare

Como sobre Shakespeare ya está prácticamente todo escrito, voy a tratar de hacer esta reseña de una manera diferente a mi estilo habitual. ¿Por qué hay que leer Sueño de una noche de verano?


- Porque es de William Shakespeare, y todo lo que escribió este hombre merece ser leído. Resulta, sin duda, un tópico, pero el inglés escribía como quería, y cualquiera por cuyas manos haya pasado uno de sus libros lo sabe. El dominio de las palabras es apabullante, pero no las utiliza como un pintor dando pinceladas hasta obtener la  tonalidad perfecta en color, brillo y sutileza. No solo así, quiero decir. También como un fino pero nervioso esgrimista, haciendo bailar en el aire las palabras como el acero con energía y fluidez, y haciendo sangre cuando es necesario.

jueves, 10 de abril de 2014

RESEÑA: Rechicero, de Terry Pratchett

Si redujéramos a la mínima expresión lo que pudiéramos decir sobre Rechicero (1988), probablemente nos quedáramos con un “más de lo mismo”. Esta expresión, habitualmente peyorativa, no obstante resultará positiva para los habituales lectores de sir Terry Pratchett en cuanto la vean aplicada, y es que con el inglés este más de lo mismo, y más siendo una novela del Mundodisco, significa que el lector pasará un buen rato pasando páginas muy bien escritas de la mejor sátira fantástica.


Rechicero es la quinta novela del Mundodisco, y como es habitual en este caso, es independiente y autoconclusiva. Además, es la primera en la que regresa a uno de sus personajes fundamentales, Rincewind, que ya protagonizara la apertura de la macrosaga con El color de la magia y La luz fantástica, que bien pueden considerarse una unidad. Recordemos que Rincewind es un mago, aunque eso sí, el mago más inepto del disco pues no es capaz de realizar un solo hechizo, lo que trata de suplir con un increíblemente desarrollado instinto de supervivencia, muy útil dada su por otro lado inusitada tendencia a encontrarse en el vórtice de peligrosas catástrofes potencialmente destructoras del mundo, como será el caso.

Rechicero es una novela sobre la magia y los magos. Cuando un octavo hijo tiene un octavo hijo, este se convierte en mago, y suele reunirse con los de su calaña cerca de la Torre del Arte de la Universidad Invisible, en la singular megalópolis de Ankh-Morpork. Allí emprende sus estudios mágicos y se contagia de la ambición del resto por ir subiendo de nivel en la universidad, de una manera quizá no muy limpia, aunque desde luego organizada y dentro de unas normas, como el celibato. Pero, ¿qué ocurre cuando el octavo hijo de un octavo hijo, y por tanto mago, se enamora y empieza a traer niños al mundo, hasta llegar a ocho? Pues ocurre que ese bebé ya no será mago, sino rechicero, es decir, poseedor de una salvaje capacidad para la conjuración que excederá la de cualquiera de sus precedentes. Si además, su ambicioso padre escapa a la Muerte escondiéndose en el bastón de su hijo, quizá este no tenga el mejor de los consejeros posibles. Y este es el punto de partida de Rechicero. A partir de ahí, todo viene rodado, aunque las ruedas sean cuadradas.

martes, 8 de abril de 2014

Música épica. Sky Captain y el mundo del mañana (2004), de Edward Shearmur

Tiempo llevaba sin pasar por esta sección, y hoy lo voy a hacer para recordar un tema que se ajusta perfectamente a los parámetros de la misma.
En 2004 se estrenaba Sky Captain y el Mundo del Mañana, un alegato pulp con un magnífico reparto con muchos componentes para convertirse en una de las grandes películas de aventuras de nuestra época y que sin embargo se quedó en eso: una bonita colección de componentes en un conjunto desajustado, quizá precioso y voluntarioso, pero que aunque guste, está lejos de llenar. Una magnífica película a medias, por lo que podemos reducir lo de magnífica a entretenida. A los grandes actores, el chocante y singular estilo visual, y a unas cuantas escenas de impacto, había que añadir el buen trabajo en la banda sonora de Ed Sheamur, un compositor poco conocido que añadió piezas de corte clásico y, cómo no, épico, al film que pretendía serlo. Fallaron otras cosas, no la música, como se puede escuchar:



lunes, 31 de marzo de 2014

RESEÑA: La caída de Hyperion, de Dan Simmons

En 1989 Dan Simmons nos contaba con Hyperion la historia de una peregrinación en la que los integrantes de la misma contaban sus historias durante el viaje, muy al estilo de los Cuentos de Canterbury. Tan solo un año después, en 1990 veía la luz La caída de Hyperion, continuación directa del anterior, hasta el punto de que recoge el hilo de la narración tan solo un instante después de que lo suelte la primera parte.


Si en Hyperion Simmons nos presentaba a los peregrinos en función de sus dispares historias, que si bien se hallaban bastante autocontenidas, nos dejaban decenas de interrogantes contemplándolas en su conjunto, ahora podremos contemplar cómo todos estos alambres se van liando entre ellos hasta adquirir un sentido completo que nos conducirá hacia un desenlace, y es que aunque aunque el ciclo de Los Cantos de Hyperion esté formado por cuatro novelas (Hyperion, La caída de Hyperion, Endymion y El ascenso de Endymion), las dos primeras forman una unidad narrativa, habitualmente denominada como Cantos de Hyperion, mientras que las dos obras restantes, que trancurrirán 250 años más tarde, suelen llamarse Viajes de Endymion.

En cuanto a la forma de contarnos las cosas, ahora no encontraremos una serie de novelas cortas interrelacionadas, sino una sola historia contada desde dos puntos de vista ligados. Por un lado contemplaremos la guerra entre los éxters y la Hegemonía del hombre desde los ojos de Joseph Severn, un artista muy relacionado con John Keats, al que se sigue rindiendo abierto homenaje a lo largo de las numerosas páginas de esta parte de la saga. Severn se hallará muy cercano a la mandamás de la Humanidad, la Funcionaria Ejecutiva Máxima Meina Gladstone, crucial personaje solo bosquejado en la anterior parte que ahora conoceremos en detalle. Así conoceremos su entorno de notables y las decisiones tácticas y estratégicas que se irán tomando según el desarrollo del conflicto. En cuanto al segundo punto de vista, también estará íntimamente relacionado con Severn, pues este personaje lleno de secretos soñará inexplicablemente con los acontecimientos referentes a la peregrinación, haciendo conocedor al lector de todo lo que ocurra a nuestros antiguos protagonistas cuando alcanzan su destino del planeta Hyperion, se abren las Tumbas del Tiempo, y comienzan a interactuar de una forma mucho más directa con el temible Alcaudón.

martes, 25 de marzo de 2014

Primeros amores

Se suele decir que nunca se olvida al primer amor, y estoy de acuerdo. Otra cosa es que los recuerdos sean positivos, o como mínimo que no aparezcan sentimientos enfrentados al respecto. Allá cada uno con la gestión de su memoria.

Sin embargo, si puedo afirmar con rotundidad que mi primer gran amor literario jamás me ha traicionado con sus recuerdos. Es más, cada vez que he vuelto a él, me ha regalado nuevas satisfacciones. Y aprovechando que he leído hace un rato que hoy es el día mundial de leer a Tolkien, me ha apetecido volver a una secuencia memorable y no demasiado obvia. No es que sea yo muy fan de los días de tal o cual historia, pero oye, nunca es mal momento para releer palabras como estas:


Dan ganas de seguir unas páginas, ¿verdad?

jueves, 20 de marzo de 2014

RESEÑA: Hyperion, de Dan Simmons

Hay quien dice que en arte de la narración ya está todo inventado, que solo existen unas cuantas historias base que contar y que todo lo demás son variantes de ellas o mezclas más o menos sutiles, o incluso copias descaradas o no en función del saber hacer del autor. Quizá sea cierto. Los Cuentos de Canterbury de Chaucer (que ya tenía en mente al Decamerón al escribirla) para muchos, es la obra literaria en inglés más importante previa a Shakespeare. Posiblemente sea cierto. Su extensísima influencia es de certeza innegable y abarca a su vez desde el Arcipreste de Hita hasta Neil Gaiman, y por supuesto a la obra que ahora nos atañe: Hyperion (1989), del estadounidense Dan Simmons.


Simmons escoge sin intención de esconderse la estructura narrativa de los Cuentos de Canterbury: un grupo de personajes realizan juntas una peregrinación, a lo largo de la cual cada uno contará una historia. La peregrinación, a fin de cuentas, será lo de menos y quedará en un segundo plano ensombrecida por cada una de las narraciones, mas en este caso nos dará el marco de referencia en el que se desarrollarán aquellas, estableciendo un escenario pura y netamente clásico de la ciencia ficción: la Hegemonía, una red de planetas unificados bajo un mando común y asistidos por un microcosmos de IAs; una amenaza emergente en forma de los éxters, sobre los que poco se sabe, ajenos a este inmenso protectorado; un planeta exótico al estilo Edgar Rice Burroughs, Hyperion, sobre el que se desarrollará casi toda la acción; una criatura cuasimística que puebla las leyendas de tal lugar, una auténtica dispensadora de muerte y sufrimiento en torno a la cual se ha levantado un culto: el temible Alcaudón. El cóctel resulta interesante, pero Dan Simmons no solo mezcla elementos, sino también géneros.

El planteamiento base, como he indicado, es de ciencia ficción, lleno de conceptos interesantes y presentados en su justa medida: teleyectores (teletransportadores), inteligencias artificiales en cuerpos humanos, auténticos universos virtuales, terraformación, comunicación interespecies, … Además, encontraremos todo el colorido de la space opera pero con bastante respeto hacia la rama hard de este género en multitud de ocasiones, o sea, considerando las bases científicas de muchas de las especulaciones que plantea (por ejemplo, con la omnipresente “deuda temporal”, esto es, el tiempo real de viaje espacial respecto al relativo en el interior de las naves). Sin embargo la mezcla de géneros será de mucho mayor alcance que esta, y dependerá de cada historia, todas las cuales merecen la pena por sí mismas:

martes, 18 de marzo de 2014

Distopías clásicas de la ciencia ficción

Una distopía es una visión del futuro terrible y desesperanzadora, en la que la sociedad ha evolucionado hacia las peores direcciones posibles.
Dícese por los más concurridos mentideros que este subgénero de la ciencia ficción, muy propio del siglo XX, alcanzó su máxima expresión con tres novelas que hoy se han convertido en grandes clásicos de la literatura universal.
En todas ellas se nos presenta una sociedad futura terrible en mayor o menor medida, y un personaje integrante de la misma que se la cuestiona. Y a partir de ahí, por supuesto, surge el conflicto y la narración toma su propio camino.
¿Cuál es la mejor? ¿Cuál te estruja la boca del estómago con más fuerza? Nada mejor que leerlas para opinar al respecto, pero como todas han quedado reseñadas, sirva este post para ponerlas juntas, confiando en que no se peleen entre ellas. Ahí van las tres:






martes, 4 de marzo de 2014

RESEÑA: Fahrenheit 451, de Ray Bradbury

A principios de los 50 no se vivía una buena época para las libertades en Estados Unidos. Guerra fría, teorías conspiratorias, fanatismo y desconfianza llevaron al senador McCarthy a emprender su célebre Caza de Brujas, en la que defenestró a gran cantidad de políticos, militares, cineastas, escritores y ciudadanos de toda índole so pretexto de comunistas y traidores. Este triste momento, amén de la todavía en mente de todos Segunda Guerra Mundial levantó no pocos detractores. Pero como siempre, ante la tiranía, más valía andarse con ojo. Bien lo sabemos aquí, por ejemplo con la sutileza de Berlanga en el periodo franquista. Uno de los más célebres casos allí fue el del gran Ray Bradbury con su Fahrenheit 451.


El escritor, bien consolidado como autor de relatos con las magistrales colecciones Crónicas Marcianas (1950) y El hombre ilustrado (1951), contempló las circunstancias que le rodeaban y se atrevió a preguntarse en qué podría desembocar todo aquello en su rutilante primera novela, Fahrenheit 451 (1953), publicada por entregas en Playboy. En ella, ante un presente en el que se castigaba con severidad el tener ideas políticas diferentes, o si quiera parecerlo, nos planteó un futuro en el que directamente no se podían tener ideas. ¿Y cuál es la mejor manera de obtener mentes mansas? Quitándoles aquello que las alimenta para hacerlas crecer llenas de conocimientos e iniciativa: los libros. Así, en su universo propuesto, poseerlos será un grave delito castigado con contundencia, para comenzar mediante la eliminación de los mismos con fuego purificador: el título de la novela refiere a la temperatura de combustión del papel.

Para contarnos la historia, Bradbury nos pone en la piel de Montag, un bombero dedicado a hallar y quemar libros, encontrando a los propietarios habitualmente por delación (un símbolo clásicamente asociado a los macarthistas). Los bomberos queman libros desde hace tanto que la idea de que antes no provocaran los fuegos sino que los extinguieran resulta disparatada. Claro, tampoco pueden leerlo e instruirse en ningún lugar. Un buen día, Clarisse, una vecina joven y agradable, pero bizarra y de mala familia, que tiene la fea manía de cuestionarse el porqué de las cosas, pondrá patas arriba el mundo de Montag al preguntarle si es feliz. Responderá que sí, pero, ¿es realmente así?, ¿su vida le llena? ¿Ama a su esposa?, ¿le ama esta? ¿Y su trabajo?, ¿qué esconden los libros que hay quien es capaz de dar su vida por ellos?

lunes, 24 de febrero de 2014

RESEÑA: 1984, de George Orwell

George Orwell fue un hombre de mundo. Británico nacido en la India, desempeñó labores de policía en Birmania, friegaplatos en Francia, voluntario trotskista disparado en la Guerra Civil Española, y por supuesto, también vivió la Segunda Guerra Mundial. Así que, cuando un año antes de morir enfermo de tuberculosis, publico 1984 (1949), imaginándose un futuro terrible a 35 años vista, podemos afirmar que en su pasado y su presente tenía material suficiente como para realizar algunas especulaciones sobre el futuro.

Orwell nos lleva a en 1984 a un Londres gris cemento, que forma parte del inmenso estado de Oceanía, que se reparte la geografía con Eurasia y Asia Oriental, tejiendo débiles alianzas en una situación de guerra mundial continua. En Oceanía gobierna el Partido del Ingsoc (socialismo inglés), cuya cabeza visible es el Gran Hermano, conformado por los miembros del Partido Interior (la élite) y los de a pié del Partido Exterior, que gobiernan sobre una mayoría de proletariado sumido en la pobreza. Todos son vigilados de forma extrema, no solo a través de omnipresentes telepantallas, ni de la amenazante Policía del Pensamiento, sino por el resto de ciudadanos, que no dudarán en denunciar a cualquier sospechoso de crimen, de obra o pensamiento (crimental), o que tan solo no exprese de forma airada su apasionado fervor por el régimen. Es un mundo sin amigos, amor, ni familia tal y como los entendemos. Cualquier desgraciado que obre de manera inadecuada, o sencillamente lo parezca, un buen día desaparece para dejar de existir.

El protagonista será Winston Smith del Partido Exterior, quien trabaja en el Ministerio de la Verdad reescribiendo el pasado para que se adecue al presente de cada día, esto es, escribiendo mentiras que deberán prevalecer incluso sobre los propios recuerdos (doblepensar). Así acabará por asquearse de la farsa en que vive y cuestionándose la autenticidad de todo el sistema, empezando a plantearse la posibilidad de resistirse al mismo como hiciera el traidor Goldstein (el antagonista del GH, tan en la sombra como este), aunque ello le condujera al Ministerio del Amor, donde presupone se aplican terribles torturas. En esta situación se cruzará con la singular Julia o con el ambiguo O’Brien, sin saber muy bien cómo actuar en cada caso.

lunes, 17 de febrero de 2014

RESEÑA: Un mundo feliz, de Aldous Huxley

Unos años antes de la Segunda Guerra Mundial, durante la Gran Depresión, a Aldous Huxley le dio por imaginarse cómo podría ser un futuro distante en el que hombres y mujeres vivieran en una sociedad perfecta en la que todos fueran felices hasta el punto de no tener opción a no serlo. Se puso a escribir y a los cuatro meses había puesto el punto final a Un mundo feliz (A brave new world, 1932).

En la sociedad imaginada por Huxley, ya desde la probeta los futuros ciudadanos son moldeados para que tengan un físico y un intelecto determinados (en una anticipación de la ingeniería genética) y asignados a una casta en la que pasarán el resto de sus vidas. No obstante, no desearán ascender en el escalafón, sintiéndose contentos donde estén, pues desde bebés entran en un severo proceso de aprendizaje condicionado, psicológica y socialmente, hasta un extremo que deja en un juego de niños al perro de Pavlov. Y así, como en una cadena de montaje fordiana, se van creando elementos de la sociedad no solo productivos, sino también contentos y convencidos. Y si en algún momento asoma la más mínima duda o alguien se siente mal, tan solo hay que tomarse una tabletita de soma y dejarse llevar. De esta forma tenemos construida una perfecta utopía.

Por supuesto, no todos los miembros de este mundo feliz se sienten permanentemente plenos ni convencidos, entre otras cosas porque en tal caso no tendríamos historia. Quizá uno de cada cien mil, en ocasiones se para a pensar, como es el caso del protagonista Bernard Marx (un alfa-más, un privilegiado de la élite intelectual), y es entonces cuando nos damos cuenta junto a él de que para la realización de tal sueño se han perdido por el camino minucias como la espontaneidad, el libre albedrío, el arte, la ciencia, la moralidad, la espiritualidad o la pasión genuina. Y es entonces cuando la utopía se transforma en distopía.

jueves, 13 de febrero de 2014

RESEÑA: Víbora, de Andrzej Sapkowski

Creo que no sorprendería a nadie si dijera que Andrzej Sapkowski es el escritor de fantasía de mayor talento de la época que nos ha tocado vivir. Digo no sorprender, ojo, que cualquiera puede opinar diferente; tampoco me sorprendería a mí que nadie realizara tal afirmación sobre Martin, Rothfuss, Sanderson o incluso Abercrombie, pero en mi opinión el polaco impregna sus páginas con más calidad que nadie hoy día. Y ha alcanzado tal posición mediante la archiconocida saga de Geralt de Rivia. Y lo malo es que esto quizá suponga un problema para aproximarnos a una novela autoconclusiva y considerablemente corta como Víbora.

Con Geralt conocimos una larga saga de dos libros de relatos y cinco novelas que supusieron un hito en fantasía épica. Acercarnos a Víbora con el brujo en mente puede conducir con facilidad a la decepción, pues es una historia mucho más corta (apenas 180 páginas), menos ambiciosa y con un trasfondo diametralmente opuesto al del rivio. No se ubica en un universo puramente fantástico, sino en un momento histórico muy concreto: la invasión soviética de Afganistán, añadiéndose algunos elementos fantásticos a una base netamente realista. ¿Significa esto que los fans de Geralt deben (debemos) mantenernos recelosos de Víbora? En absoluto. Tan solo sugiere que debemos entenderla como una obra totalmente diferente y por lo tanto afrontarla sin ideas preconcebidas.

Una vez hecha tabula rasa, descubrimos realmente de qué va la novela. La principal perspectiva presentada es la de la soldadesca soviética envuelta en el conflicto bélico con los guerrilleros muyahidines, centrándonos en el protagonista único de la historia, el singular alférez Pavel Levart, y a través de sus ojos se nos presentarán los temas tratados: el sentimiento de hastío ante un despropósito de conflicto bélico, la aleatoriedad del mismo, la vida mísera de los soldados, que aunque son presentados con crueldad en ocasiones, en otras despiertan cierto cariño. No podemos olvidar que como buen polaco que es, el autor no puede extender este cariño ocasional a los dirigentes soviéticos (ideológicos y militares), vilipendiados explícita o sutilmente en varias ocasiones.

viernes, 31 de enero de 2014

RESEÑA: Terra Nova vol. 2. Antología de ciencia ficción contemporánea

Hace aproximadamente un año os recomendaba la antología de ciencia ficción Terra Nova, poco interesada en textos de aventuras espaciales o de futuros remotos y mucho en aquellos que especularan con situaciones extrapolables a problemas sociales, políticas o culturales de la actualidad, e intentando equilibrar la presencia de firmas en castellano con otras más consolidadas en el mundo anglosajón, pero no lo suficientemente difundidas aquí. No me equivoqué subrayando su valía, puesto que tal colección arrasó no hace tanto en los premios Ignotus, los más importantes repartidos en España. Ahora llega a nuestras librerías Terra Nova 2, con idéntica filosofía en su criterio de selección (a cargo de Mariano Villarreal y Luis Pestarini) y con la intención de dejar claro que existe una solución de continuidad para esta antología.


Al igual que ocurriera con la primera entrega, entre los textos traducidos nos encontramos con numerosos finalistas de algunos de los premios foráneos de mayor importancia (Sturgeon, Locus, Hugo, Stoker, Nebula…), tanto en la categoría de relato como en la de novela corta, de escritores que están despuntando, pero cuya situación aquí aún no es todo lo boyante que merece por la calidad de sus textos, por lo que conocerlos supone un valor añadido para la antología. Por otra parte encontramos los relatos escritos originariamente en español, de autores en su mayoría más rodados en revistas de género y otras antologías de menor repercusión que esta, entre los que seguro alguno se consolidará los próximos años.

Pero mejor voy comentando los 11 miembros del equipo uno a uno:
La textura de las palabras, de Felicidad Martínez es una excelente novela corta en la que se nos presenta, construyéndola con solidez y credibilidad, una sociedad de mujeres ciegas en la que se describen con gran elocuencia las rígidas relaciones tanto de las mujeres entre ellas como con los hombres. Un inicio rutilante para la colección en el que brilla la sensibilidad con que se trata la relación madre-hija.

miércoles, 29 de enero de 2014

1984, primeras líneas

Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece. Winston Smith, con la barbilla clavada en el pecho en su esfuerzo por burlar el molestísimo viento, se deslizó rápidamente por entre las puertas de cristal de las Casas de la Victoria, aunque no con la suficiente rapidez para evitar que una ráfaga polvorienta se colara con él.

El vestíbulo olía a legumbres cocidas y a esteras viejas. Al fondo, un cartel de colores, demasiado grande para hallarse en un interior, estaba pegado a la pared. Representaba sólo un enorme rostro de más de un metro de anchura: la cara de un hombre de unos cuarenta y cinco años con un gran bigote negro y facciones hermosas y endurecidas. Winston se dirigió hacia las escaleras. Era inútil intentar subir en el ascensor. No funcionaba con frecuencia y en esta época la corriente se cortaba durante las horas de día. Esto era parte de las restricciones con que se preparaba la Semana del Odio. Winston tenía que subir a un séptimo piso. Con sus treinta y nueve años y una úlcera de varices por encima del tobillo derecho, subió lentamente, descansando varias veces. En cada descansillo, frente a la puerta del ascensor, el cartelón del enorme rostro miraba desde el muro. Era uno de esos dibujos realizados de tal manera que los ojos le siguen a uno adonde-quiera que esté. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las palabras al pie.

lunes, 20 de enero de 2014

RESEÑA: La sanguijuela de mi niña, de Christopher Moore

Muchas veces uno no necesita leer una de esas novelas imprescindibles para los respetuosos amantes de la literatura, o meterse en una larga saga con profundos desarrollos de escenarios y personajes, ni conocer una nueva e interesante especulación de ciencia ficción. A veces lo que mejor viene es leer una gamberrada, divertirse como cuando no era más que un adolescente leyendo un libro sin más pretensiones que las de hacer reír al destinatario. Cuando esto ocurre, normalmente suelo recurrir a mi idolatrado Terry Pratchett con su Mundodisco, o al planetario Eduardo Mendoza en su vertiente más desenfadada. Desde ahora, uno al selecto grupo a Christopher Moore, a quien he conocido con uno de sus primeros éxitos (1995): La sanguijuela de mi niña.



Moore bien podría considerarse una versión estadounidense de Pratchett. No escribe tan bien como el inglés (que por algo es Sir), pero resulta tremendamente divertido, y aunque sea un poco caer en el tópico, donde el británico hila más fino, este adquiere un estilo más directo, esto es, nos deja un sabor “más americano”. No quiere decir ello que sea una obra de poca calidad, sino sencillamente que no emplea gran cantidad de recursos narrativos para lograr lo que desea: una lectura entretenida, franca y de gran fluidez en especial en los diálogos, lo que posee un mérito incuestionable.

En cuanto a la historia, está centrada en dos personajes: Jody, una vampira recién convertida en tal, que irá descubriendo los secretos de su nueva condición al mismo tiempo que el lector, y Tommy, un escritor de medio pelo, recién llegado a San Francisco desde un pueblucho trayendo consigo sus aspiraciones artísticas y que trabaja en el peculiar turno de noche de un supermercado, probablemente un alter ego del propio Moore.

martes, 14 de enero de 2014

300 (y pico)

No, no hablo de Esparta, sino de Cree Lo Que Quieras, que hace unas entradas cumplió las 300. 300 y pico textos ya subidos a lo largo de estos casi 5 años de blog. Casi un centenar de seguidores de blogger, que van para los 180 de google. Más de 80 reseñas. 40 microrrelatos, docena y media de relatos largos, y unas cuantas entradas hablando de obras maestras del cine, de música épica seleccionada de algunas buenas bandas sonoras (de mi gusto), y de muchas, muchas, muchas cosas más, de mayor o menor importancia (habitualmente menor), incluyendo por supuesto mis pequeños logros como escritor.

Las entradas previas no han sido seleccionadas a la ligera. En la número 299 hablaba de Visiones 2012, una de las mejores antologías en las que he participado. Reservé la más especial, la que cumplía el secreto aniversario, para un relato que me pedía ver la luz desde hace tiempo, El gran negocio. Y la siguiente, la que encara la cuarta y larga centena, para la reseña de uno de los mejores libros que he leído en mi vida, Hijos de la Medianoche.

¿Y ahora qué?
Por un lado siento enorme pereza de seguir escribiendo, trabajándome cada entrada, subiendo relatos que pocos leerán (la relación de lecturas de una reseña a un relato es, en el mejor de los casos, de 2 a 1; en el peor, de 6 o 7 a 1; no obstante lo entiendo: un blog es internet, e internet es consumo rápido). Incluso 80.000 son pocas visitas para un blog como este.
Por otro lado, soy plenamente consciente de que de vez en cuando me apetecerá seguir contando alguna historia, hablando sobre el último libro que haya leído o sobre esa película que se me antoja genial y que muy pocos conocen.

La solución es sencilla: seguiré por estos lares, si bien quizá con menos frecuencia (detalle fácil de comprobar en lo que va de año). O a lo mejor dentro de un mes estoy a tope, posteando a diario. Nunca se sabe. Aunque tiene más pinta de lo primero.

Por último, quiero agradecer a esos 80.000 (y pico), que quizá se irían a 100.000 (y pico) desde que abrí el blog (cosas de antiguos y nuevos contadores) el caso que me han hecho estos años, sobre todo a los que no han entrado en CLQQ por error, más aún a quienes han leído lo que escribía, y por encima de todos a quienes, además de todo lo anterior, han comentado, aunque fuera para decirme que no les gustaban mis palabras. Brindo con y por todos ellos y ellas:




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